Como "profesional" (jajajaja... no se valen risas) de la enseñanza que era, estaba acostumbrado a que entrara nueva gente, y a que también saliera. Me adapté sobre todo a las "pérdidas", a todos esos alumnos que en algún momento se cruzaron conmigo. Que se me han olvidado los nombres es seguro, pero no creo que sea tan fácil olvidarme de todos ellos. El camino del profe el algo jodido a veces. En ocasiones congenias fenomenalmente con alguno/s de tus alumnos, pero sabes que ellos pasarán por allí sólo unas horas, y que nunca volverás a saber de ellos. Y son cientos de alumnos. Sería una salvajada "enamorarse de todos ellos".
Es entonces cuando se aprende a aceptar la "pérdida", cuando se valora el real "viaje" de las personas, sus idas y venidas, cuando se valora sólo el hecho de que dos vidas se han cruzado, que ya es mucho. Que sigan o no ya es lo de menos. Recuerdo a Marta, la fiscal que andaba tan perdida con el outlook y de quien nos reíamos -de buena fe- todos; recuerdo a los 3 de la UGT (léase "ugeté") del BBVA y la de cervezas que nos metimos aquella tarde, después de la última clase con ellos; recuerdo a Rosmil, el dominicano de Premià, cuando jugábamos al Team Fortress; también, por el otro lado, recuerdo a los funcionarios de la Generalitat y sus aires de grandeza, para quienes yo no dejaba de ser el "sirviente" de la Generalitat. También recuerdo a compañeros y compañeras: al chaval aquel inglés tan majo de la academia noséqué2000 a quien no le costaba ni nada hablar en castellano y lo que se enfadaba cuando los alumnos le quitaban el salvapantallas de los ordenadores, lo acojonada que estaba la compañera de l'Institut Gesem-Cibernos, cuando el jefe nos metió bronca... Los recuerdo a todos, a los jefes incluidos.
Mi vida personal sigue esa línea. A veces desaparezco -es complicado ser algo inestable- y entiendo que cuando vuelvo no todos estén ahí, puedo justificarlo. Lo realmente hermoso es que estén. En este sentido, para mí no pasa el tiempo, y no olvido nunca unas alegrías, unos llantos, unas borracheras, unas resacas... El tiempo no configura una amistad, a menos que se confunda con unos hechos. El hecho también de creer en la libertad, hace que acepte -a veces cuesta más que otras, claro- las decisiones de los demás; así que "perder" a alguien (por si no ha quedado bien claro en el texto, yo no "pierdo" a nadie, siguen estando dentro de mí) significa aceptar lo mejor que tiene ese alguien: su libertad. De la misma manera que la usaba para estar ahí, la tiene para no estarlo.
Gracias por estar ahí.