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Hastio

Una vez...

Una vez... No pondría ni un dedo en el fuego y tampoco merecería la pena, pero me pareció ver a Esther hace unos meses en un autobús. No sé si a ella le parecería ver a Xavi, pero ese no es asunto mío. Me quedé callado, la observé. Como tenía que hacer demasiadas maniobras para fijarme más, confié en mi intuición y me quedé sentado en donde estaba. El asunto no es si realmente era ella o no; el asunto es que me pareció verla. Y como es un "me pareció", hago como si realmente hubiera sido ella.

Los años la han hecho cambiar. Ya no tenía esa media melena, ni vestía esas ropas despreocupadas y cómodas. Ahora peinaba a lo "pija" y llevaba ropajes del mismo estilo. Sus ojos, sus labios y su nariz la delataron como Esther. Era uno de mis grandes deseos: volver a verla. Ya puedo tachar de la inmensa lista un elemento más.

De nuevo todo aquello que me prometí entonces a mí mismo salió a la luz. Me enamoré estúpidamente, locamente, absurdamente de ella... pero diversos motivos hicieron que la relación no pudiera seguir adelante. Esperaba a que por arte de magia la riera siguiera su cauce que yo entendía como "natural" o lógico. No era ni una cosa ni la otra. Entonces vinieron las promesas para que nunca volviera a sucederme lo mismo. Nunca lo conseguí. Quería asegurarme de que mis dudas no configurarían, activamente, nunca más mi realidad, de que el deseo fuera la única justificación de mis actos, de que la única situación "lógica" de quedarse en tierra fuera el no subir al barco...

Y sigo sin subirme a ese barco. No niego la posibilidad de hacerlo. Al menos algo ha cambiado desde entonces: No descarto esa posibilidad, aunque los miedos hacen que tema por si me equivoque de barco y suba a otro. Es como cuando voy al lavabo de un bar a mear: tengo que fijarme muy bien para saber que puerta es la correcta para mí, aunque mear, afortunadamente, meo; y en ocasiones da bastante igual qué puerta escojo. Quizás me equivoco con esto y creo -me creo- que el objetivo es elegir una buena puerta, en lugar de saber del cierto de que el objetivo no es otro que mear.

Con todo, el verla sirvió para darme cuenta de que sigo estando en donde estoy, aunque no sigo siendo el mismo de entonces. Y lo peor de todo es no saber que si lo que deseo es porque lo deseo o simplemente es porque hace unos años me hice una promesa y no debo incumplirme.

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