De cárceles
La diferencia entre un preso común y mi persona radica en que yo he elegido libremente estar en esta cárcel. Y, claro, como también el que escribe la ha creado, la he hecho con mis propias reglas y condiciones. Así que es una cárcel de mentirijillas, de la que puedo salir cuando yo quiera. Pero cárcel a fin de cuentas.
Considero que mi situación es un paso necesario para conseguir más cosas que deseo, pero no me siento extraordinariamente eufórico. Lo mejor de todo es que me siento fuerte, eso sí. Ya veremos lo que duro.
A veces me siento aislado del resto del mundo. Después de colgar mi disfraz y mi careta de trabajo vuelvo a ser yo mismo, y me da la impresión que me falta algo. No sé si será internet, o una guitarra, o mi música... o mis deseos más protegidos, o mis reales aburrimientos. No sé. El objetivo a medio-largo plazo -y a corto en lo que se pueda- es negociar conmigo mismo y conseguir mis objetivos. Pasito a pasito.
Considero que mi situación es un paso necesario para conseguir más cosas que deseo, pero no me siento extraordinariamente eufórico. Lo mejor de todo es que me siento fuerte, eso sí. Ya veremos lo que duro.
A veces me siento aislado del resto del mundo. Después de colgar mi disfraz y mi careta de trabajo vuelvo a ser yo mismo, y me da la impresión que me falta algo. No sé si será internet, o una guitarra, o mi música... o mis deseos más protegidos, o mis reales aburrimientos. No sé. El objetivo a medio-largo plazo -y a corto en lo que se pueda- es negociar conmigo mismo y conseguir mis objetivos. Pasito a pasito.
Creo que la situación de mis sueños es ya preocupante. Y bien he escrito "situación", no para ubicarlo en un espacio sino en un tiempo. Y es que mis sueños ya no vienen a visitarme cuando deberían de hacerlo. Es cierto que eso de dormir por las noches no es lo mío, así que éste no es el tema de preocupación. Lo preocupante es que ahora ya ni por la mañana me duermo.
Dos cosas malas tiene el mes de noviembre: por un lado, me viene el bajón de otoño o el del cumple; por el otro, en el mes siguiente se celebra la navidánavidáfelínavidá. Sin contar con el día de los muertos, que siempre alegra (feliz cumpleaños, Vero!) y el día de San Andrés (feliz cumpleaños, Esther!). Pero no debemos cantar victoria, la parafernalia para comprar la navidad ya ha empezado. Las calles están iluminadas con lucecitas de colores, en ocasiones ponen villancicos o canciones más horteras aún, ¡ya se ven sonrisas en las caras de la gente, qué horror!
Estoy intentando escribir algún cuento. Desde las 4 de la mañana permanezco despierto. Últimamente tengo algunos problemas para conciliar los sueños -mi resfriado ayuda también un poco. Creyéndome demasiado a mi hermano mayor, que me dice que de madrugada son las mejores horas creativas, intento escribir cuentos para presentarme a todos los concursos habidos y por haber. Pero parece ser que hoy no es mi día -mi noche. Lo mejor de todo es que he sacado alguna idea, así que sólo espero poder mantenerla hasta que mis dedos sean capaces de desarrollarla. Son ya las 9 de la mañana y, pese a que no tengo sueño, estoy cansado. Mi cuerpo parece ser que sigue esos designios sociales acerca del tiempo y se va haciendo mayor, se va gastando. Mi mente creo que ya estaba gastada justo el día en que nació.
Lo quiero todo, absolutamente todo. No quiero deseos. No quiero miedos. No quiero querer. Quiero tener, ser, estar, sentir, lamer, vivir. Pero esto no deja de ser un deseo, un deseo más, aparcado -ya como puede y en doble fila- en los aparcamientos de mi esperanza, al lado del de los de la desesperación. Quiero saber qué narices es la madurez, la plenitud y esas cosas que tanto acostumbran a ser portada de ciertas revistas -además de la muerte de Carmen Ordoñez.
No es que muera de amor, muero de ti.
Insomnio. Morfeo esta noche se ha olvidado de mí, no ha venido a recogerme. ¿Le habrá sucedido algo?